El gran reformador

El escritor británico Austen Ivereigh, periodista y comentarista de asuntos religiosos y políticos, vivió algún tiempo en Argentina y ha investigado a fondo el espacio y el tiempo vital de Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco. No se trata de una biografía más, ni de un panegírico para poner en el panteón de los héroes a alguien que ha llegado a la cumbre de la Iglesia católica. El subtítulo, “Francisco, retrato de un Papa radical” nos pone ante un hombre de carne y hueso, con virtudes y limitaciones, las propias de todo ser humano, que es influenciado, quiérase o no por el medio y el tiempo que le ha tocado vivir. Allí estriba su valor.

Un Papa venido del fin del mundo, el primer jesuita y el primer latinoamericano que ocupa el solio pontificio, llenó de estupor a media humanidad cuando se oyó su nombre y apareció su figura en el balcón de la basílica vaticana para ser conocido por la multitud que se agolpaba en la plaza de San Pedro. Lo que más me ha llamado la atención de este grueso volumen de casi seiscientas páginas, es que nos presenta al protagonista tal como es. En un primer capítulo lo dedica a los primeros veinte años de la vida de Jorge Mario (1936-1957), hijo de inmigrantes italianos con las vicisitudes propias del desarraigo y arraigo en un nuevo contexto. Las estrecheces económicas de la familia, sus primeros estudios y el contacto con la realidad argentina de aquellos años. Quien se podía imaginar que un joven que se ganaba una churupos como portero de una discoteca podía llegar a ser cura, jesuita, obispo, cardenal y papa. ¿Desmerece acaso ese oficio de una persona recta y honesta?

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