Juan Guerrero El tabardillo

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No me lo esperaba. Ese lunes debí llegar mucho antes de las siete de la mañana. Apenas estaba clareando y ya la cola para el gas era larga. Pero en fin, con mi bombona a cuestas me integré a la fila, junto con el resto de parroquianos, la gran mayoría doñitas y ancianos.

Nada hacía pensar que sucumbiría al espanto del tabardillo. Pero ese día el sol encendió las pilas muy temprano. Casi a media mañana la responsable de la asignación de las bombonas se apareció, junto con sus respectivos ayudantes. Entre carpetas manila y hojas arrugadas y sobrescritas, estaban mi nombre y demás datos.

-Por lo menos aparezco. Dije para mis adentros. Y es que por estos años hay que estar todo el tiempo encima de esa gente. Sobre todo quienes vivimos en lo que ellos llaman las “zonas de silencio”. Urbanizaciones y demás complejos urbanísticos son apartados y dejados de últimos, frente a quienes viven en las zonas populares, barrios y caseríos. Todo un “apartheid” tropical venezolano.

Las horas pasaban y ante la cercanía del mediodía, tiempo fijado para que viniera el camión del gas, se apareció un discreto miembro del equipo UBCH de la zona. Frente a una multitud ansiosa y acalorada, dijo su arenga explicando y agradeciendo la ayuda de los camaradas de Portuguesa que venían en tropel para suministrar el gas a los guaros, y mientras justificaba la tardanza del camión, el bendito sol ya hacía crujir tejas y cabezas.

Nada, que muy cercanos a la hora nona la gente quería irse a la avenida y colocar sus bombonas para presionar. Entre quejas, reclamos y exigencias llegó la coordinadora misma del circuito psuviano. Parsimoniosa ella, cauta, de mirada escrutadora. Iba revisando la fila con sus brazos apatillando su cintura bien papeada. Después me “di de cuenta” que era para ocultar una malformación en su mano derecha y entendí su rostro severo, y de un cierto resentimiento.

Entonces, con ese tremendo sol a cuestas todavía faltaba la llegada del camión. Sol y más sol y sin una ramita para cubrirme. Pero la gritería hizo que olvidara el achicharramiento y la gente se preparó para la llegada de los “gaseros”

La fila se hizo aglomeración, ventajismo, reclamos y gritos. En fin, que sin embargo, sudado y acalorado pude hacerme con una bombonita. Pero el mal ya estaba hecho… aunque no me había percatado.

Fueron poco más de seis horas y media bajo el sol. Negro y oloroso a tierra, sudado pero victorioso. No acaté tomar mis previsiones correspondientes. En estos tiempos de regreso de tantas enfermedades y afecciones, el tabardillo no se podía olvidar.

Fue por la madrugada cuando me sobrevino el mal. Dolores en las canillas, fiebre, malestar general y un frío de semi muerto. –Caramba, mi amor, -dijo mi esposa. –Tienes casi 39 de fiebre. -¡Qué raro! No tienes dolor de garganta ni señales de gripe. –Creo que fue la cercanía con una doñita que se la pasó estornudando. –Fue mi respuesta en un adolorido cuerpo que, como perro viejo, solo quería estar echado.

Pero el dolor de cabeza seguía y la tembladera iba en aumento. Por la mañana no soportaba los escalofríos. Sentía, cuando caminaba, como un extraño animal en el cuerpo que no me dejaba andar de manera normal.

Y de repente me acordé. -¡Pero si es tabardillo lo que tengo! -¡Quéee! Fue la voz sorprendida de mi esposa.

-Eso es una insolación “mollejúa” Es la clásica dolencia de cuando éramos carajitos en el Maracaibo de los años ‘60s. Pasabas todo el día bajo el sol, jugando metras, trompo, el juego ‘el Zulia y pare de contar. Y después llegabas a la casa cubierto de mugre pero feliz. Y entonces tenías que meterte bajo el chorro de agua un buen rato porque si no lo hacías, por la noche te despertaba el tabardillo.

Hasta esas rarezas de males están de nuevo entre nosotros. Además de la piojera por falta de champú, o por falta de higiene al no haber jabón de baño y enfrentarte a una sarna. Pues ahora, el tabardillo te espera en las kilométricas colas, para todo, de una Venezuela semi feudal y absolutamente absurda.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1