Cinco rostros de la concentración nocturna de este #17May

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Cuando la oscuridad de la noche cayó este miércoles 17 de mayo en Parque Cristal, las velas, linternas y luces alumbraron los rostros de la gente. Las personas asistieron a una nueva convocatoria de la oposición, esta vez nocturna. Cerca de las 5:00 pm los manifestantes empezaron a llegar al punto de concentración del este. La idea era mantenerse un par de horas en la calle, hasta que el sol se ocultara por completo. A 16 kilómetros de distancia, en Montalbán, se replicaba la protesta.

En un camión apostado en el medio de la avenida Francisco de Miranda, con un micrófono como herramienta, diputados de la Mesa de la Unidad Democráctica (MUD) expresaron y reiteraron las motivaciones para salir de nuevo a la calle. José Manuel Olivares, Juan Requesens, Freddy Guevara y Delsa Solórzano fueron los primeros en tomar la palabra.

Las lágrimas de algunos asistentes brotaron cuando mencionaron las circunstancias en la que venezolanos murieron durante las protestas en todo el país. Solórzano se refirió a Diego Arellano, el biólogo de 31 años que falleció este martes en los Altos Mirandinos a causa de un disparo, sus ojos se aguaron y su voz se entrecortó. “No le tengo miedo a la calle, no le tengo miedo a luchar, a dejar el alma en la calle por este país”, dijo. Así como ella, otros ciudadanos amuñuñados en la acera, lloraron por los caídos.

Para ese momento, aún había luz natural y ya la masa iba tomando forma. Muchos iban en grupos, con amigos o familiares, pero Elizabeth Freites,,de 77 años, estaba sola. Ha salido a todas las marchas antigubernamentales desde hace 17 años, fecha en que sus hijas dejaron Venezuela para asentarse en Francia. “Hace muchos años solo salíamos viejos y mujeres, pero ahora salimos todos, incluso la juventud que es la que nos guía. Yo hago lo que los líderes jóvenes nos pidan, porque así como nací en una Venezuela libre, quiero morir en un país libre”, apuntó.

Freites es jubilada de la Electricidad de Caracas. Trabajó allí 40 años y ahora en su retiro, una de las principales actividades que realiza gira en torno a las manifestaciones. Desde el 1 de abril de 2017, fecha en la que empezó la más reciente oleada de protestas, no ha dejado de salir a ninguna. En esta ocasión le pesa la muerte de los más jóvenes. “Hay que seguir en la calle, por ellos y por Venezuela”, concluyó.

Otra es la historia de Daniela Pereira, de 23 años. Fue con tres amigas y su razón de atender a la convocatoria es la lucha por un mejor país. “Estamos cansados de vivir en un país en el que el régimen nos quita algo todo el tiempo, que nos tiene en la miseria”, refirió la egresada de la Universidad Monteávila. Para ella, la presencia en la calle es fundamental para lograr el objetivo de salir del gobierno actual. Sin embargo, no siente que su apoyo a esta manifestación sea total. “Podrá sonar muy duro, pero no sé hasta dónde estoy dispuesta a dar, cuánto más vaya a salir”, indicó.

A medida que el cielo se apagaba, las luces aparecían como luciérnagas en las manos de los presentes. Los que podían escuchar las palabras de los líderes, las percibían con atención. Los que estaban, en cambio, más alejados, hablaban entre ellos. Muchos vestían de negro y se cuidadan de para no quemarse con las llamas de las velas. Una misa por los fallecidos empezó.

José Torrealba afirma que no es muy católico y mientras muchos continuaban las oraciones del sacerdote, él se concentraba en las botellas de agua que debía vender. Según contó, tiene desde 2002 vendiendo agua en las protestas y ha ido a todas. “En esa oportunidad, en abril de 2002, se perdió la oportunidad de salir de este Gobierno pero yo veo que ahora, de nuevo, está saliendo más gente”, dijo.

Es padre de tres -ya adultos- y abuelo de siete niños. Sueña con que sus nietos vivan en una Venezuela como la que él dejó atrás. “Por allá en el ’88 yo recuerdo que en vacaciones uno podía salir a la playa. Yo iba a Margarita con mi mujer y eso no era tan costoso. Hoy es difícil hasta comer, tengo que ayudar a todos mis hijos, aunque cada uno tenga su trabajo”, apuntó. En su opinión, cada marcha de esta nueva oleada ha logrado movilizar muchísima gente y la situación ahora es mucho más grave que en el 2014. “Esperemos que esta vez si podamos salir de esto”, acotó.

Francisco León, otro padre de familia, asistió a la convocatoria de la mano de su esposa, sus dos hijos, amistades y familiares. Él, jubilado del Ministerio de Educación, es padre del reconocido animador y modelo con quien comparte el nombre y el apellido. Pasaba el tiempo conversando sobre la situación, con algunos compañeros de trabajo.

“Después de tantos días de protesta y tanta gente que ha muerto, tantos heridos, tanta gente presa, algo que hay que hacer. Seguimos protestando, seguimos saliendo”, apuntó y acotó que ha atendido a todas las convocatorias desde el 1ero. de abril. En su opinión, la situación del país no se sostiene, pero para salir del Gobierno hace falta subir la intensidad “aumentar la presión” en otros estados. “Hay que seguir el ejemplo de Los Andes, Barquisimeto, Miranda, donde la protesta no ha cesado”, añadió. “Saldremos hasta donde nos dejen”, dijo.


“Hasta donde Dios me lo permita. Yo por mi hija voy a hacer lo que pueda hacer, lo que este a mi alcance porque quiero que ella conozca el país en el que yo crecí”, expresó decidida Cristina Montes. Ella trabaja como asesora de turismo y cuenta que en su área, las ventas han mermado muchísimo estos últimos años. También la situación en su casa es complicada. Solo por poner un ejemplo, el viaje que solían hacer en vacaciones está pendiente desde el 2012.

“Sí se puede, sí se puede“, empezó a gritar la gente y Cristina también. Dijo lamentarse por no poder asegurarle el futuro próspero a su hija por culpa de quienes gobiernan. Espera que la lucha que se está dando ahora en las calles apueste por un país mejor. “Quisiera dejarle a mi hija un país libre y sin violencia”, añadió hacia el final. Cuando dos encapuchados de la resistencia se acercaron ella, los vio y le explicó a la niña de 7 años que esos eran sus héroes. La pequeña sonrió tímida y apagó la vela que sostenía con cuidado. Al poco tiempo, el himno nacional y la canción Venezuela, indicaron el fin de la convocatoria.