La MUD va por una “demostración de fuerza” este sábado 20M al cumplirse 50 dí

0
0

(Beirut, Líbano. Redacción AFP) .- De superviviente a vencedor. Con la caída de Alepo, el presidente Bashar al Asad, paria de Occidente y del mundo árabe, logró revertir la situación en la guerra siria con paciencia y determinación, gracias a sus aliados ruso e iraní.

Apoyándose en un ejército que se mantuvo fiel pese a haberse desangrado durante casi seis años de guerra, al igual que sus servicios de inteligencia y una parte de la población aterrorizada por los yihadistas, Asad se enfrenta con una oposición dividida, cuyos padrinos no han querido implicarse militarmente.

“Para Asad, esto siempre ha sido un combate a vida o muerte. Jamás se cuestionó detener la guerra. Ya sea con la victoria o la derrota”, afirma el exdiplomático holandés Nikolaos van Dam, experto en Siria.

“El régimen posee medio siglo de experiencia sobre cómo mantenerse en el poder. Cuenta con el apoyo del ejército y de los servicios de seguridad”, asegura el autor de ‘La lucha por el poder en Siria’.

Según Van Dam, “el apoyo popular no es decisivo” y proviene sobre todo de minorías que se sienten amenazadas por islamistas y yihadistas, como los cristianos o los alauitas, comunidad a la que pertenece Asad.

GRAN CONFIANZA EN SÍ MISMO

Llegado al poder en 2000 tras la muerte de su padre, Hafez al Asad, quien gobernó al país con mano de hierro durante 30 años, Bashar, de 51 años, se enfrentó a la revuelta de marzo de 2011, que seguía la estela de la Primavera árabe.

Rápidamente optó por la represión sangrienta, presentando a sus opositores como yihadistas y al levantamiento como un complot de Estados Unidos e Israel contra “el eje de la resistencia”, que dice representar.

Para los analistas, la convicción en la victoria es clave.

“Los consejeros de Asad repiten desde el comienzo que confían en el éxito, en tanto los estadounidenses no han bombardeado Damasco por aire ni se implican directamente en la guerra”, destaca Joshua Landis, director del Centro de estudios de Oriente Medio en la universidad de Oklahoma.

Incluso, en el peor momento, cuando su ejército fue expulsado en marzo de 2015 de la provincia de Idlib por una coalición de yihadistas y rebeldes, sus “consejeros siempre presentaron las derrotas como parciales. Y mantuvieron su confianza en su victoria final”, explica.

Además, Asad, como su padre, es paciente y sabe esperar su momento.

SÓLIDA ALIANZA CON MOSCÚ

“Es de la misma escuela que su padre y siempre supo controlar el factor tiempo y hacer cambiar los vientos contrarios a su favor”, considera Wadah Abed Rabo, redactor jefe del diario Al Watan, cercano al poder.

Pero la clave de su victoria es la solidez de sus alianzas, contrariamente a las de sus adversarios. “Nunca dudó en la victoria puesto que su país ha forjado desde hace décadas una alianza sólida y estratégica con Rusia, Irán y otros”, añade.

Las relaciones con Moscú tienen más de 40 años y datan de la época de la URSS, mientras los vínculos con Teherán son de comienzos de los 80 cuando la guerra Irán-Irak.

Es “una vieja relación fundada sobre una convergencia de intereses materiales, estratégicos, ideológicos, aún válidos actualmente”, señala Suhail Belhadj, politólogo del Instituto de Estudios Superiores Internacionales y del Desarrollo de Ginebra.

Además, “el régimen sirio se ha mostrado como un aliado fiable militar, estratégica, política, ideológica y económicamente desde que dura esta alianza”, agrega.

LA DEBILIDAD DE LOS ENEMIGOS

En cambio, la oposición ha perdido sus apoyos progresivamente.

“La debilidad de los enemigos de Asad proviene en gran parte del apoyo insuficiente de los ‘amigos’ de la oposición”, estima Van Dam.

Los “Amigos del pueblo sirio” se constituyeron en febrero de 2012 como apoyo a la oposición cuando ésta navegaba con viento en popa. Once países árabes y occidentales reconocieron enseguida a la Coalición de la oposición como el único representante legítimo de los sirios. Asad se encontraba entonces aislado y su país golpeado por sanciones.

Pero, cuatro años más tarde y tras una serie de victorias, Asad sigue en su cargo y continuará reinando como un autócrata, según los expertos.

“Dirigirá al país como en el pasado, conjugando intimidación y clientelismo. Hemos visto que Asad no es capaz de cambiar la naturaleza fundamental del régimen”, afirma Landis.

“Permanecerá en el poder sin compartirlo y hará algunas reformas cosméticas. Pero la posición de Asad no puede garantizarse para siempre”, prevé Van Dam.

Para Belhadj, Asad “salvó su posición en la guerra, pero (…) tiene pocas posibilidades de salvarla en la paz, porque no tiene suficiente legitimidad política para garantizarla”.