#Opinión El supremo cronista del poder

06:18:2017 15:06 El Nacional Noticias

He estado presente en las celebraciones del centenario del nacimiento de Augusto Roa Bastos llevadas a cabo en Asunción.

Su vida parece a veces asunto de sus propias invenciones. Nació el 13 de junio de 1917 en Asunción, y pasó su infancia en Iturbe, un poblado de las selvas del Guairá, en el Alto Paraná, donde se habla por igual el guaraní y el castellano, lo que le dio esa lengua escindida, o doble, que habría de marcar su escritura no solo en la tesitura verbal, sino también en su carga de tradición oral.

Su padre, Lucio Roa, llegó hasta allí como peón a talar árboles para abrir aquellas tierras al cultivo de la caña de azúcar. Con sus manos construyó los pupitres donde Augusto y su hermana Rosa, la mayor de los dos, se sentaban a recibir las lecciones que él mismo les impartía, una hora diaria después de la siesta de la tarde, porque nunca asistieron a la escuela pública.

Cuando se casó con Lucía Bastos se acercaba ya al medio siglo de vida, veinte años mayor que la esposa, con la que estuvo unido por otro medio siglo. Ella, de ascendencia francesa y portuguesa, estaba dotada de una buena voz de mezzosoprano, y, sensible a la literatura, fue cómplice de Augusto para que aprendiera la lengua guaraní prohibida por el padre. Leía a los dos hermanos episodios de la Biblia que luego comentaba en guaraní, y lo introdujo en los dramas de Shakespeare y en el mundo oral de las leyendas indígenas. Es cuando aprendió que los árboles guardan dentro de su corteza a seres silenciosos que se lamentan con quejidos lastimeros si son talados.


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Posted by El Nacional

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